Aunque tarde en debutar profesionalmente:
Por Enrique García Muñoz Campeón Pluma de México 1972-74
PRIMERA DE DOS PARTES
Desde que tuve uso de razón, el boxeo fue para mi una de las aficiones más prioritarias de mi vida y prueba de ello fue que a los siete años de edad, pedí a los Reyes Magos mi primer par de guantes, pero como a mi hermano mayor, Adolfo, también le llevaron su par de guantes, ahí empezamos a darnos duro y macizo cada que había oportunidad, por lo que pronto nuestra afición al boxeo creció al doble.
Recuerdo que los fines de semana, especialmente los sábados, sacábamos nuestros guantes a la calle y frente a nuestro domicilio en ese entonces, Alfarería 56 en la popular Colonia Morelos, es decir, en el barrio de tepito, había una tienda donde se juntaban señores a libar su ricas cervezas, entonces nos poníamos los guantes y nos dábamos nuestros cates y al final, esas personas nos invitaban algún refresco, galleta o bien nos daban algunos centavos.
MI PRIMER PELEA FORMAL A LOS 13 AÑOS DE EDAD
Luego de dos años de euforia con nuestros guantes, poco a poco los fuimos abandonando, no así mi afición por el boxeo, pues a menudo veía por la TV las peleas del entonces ídolo del boxeo mexicano, Raúl “Ratón” Macías, así como de otros grandes boxeadores de esos tiempos, entre los que destacaban, Baby Vázquez, Memo Diez, Kid Anáhuac, José Becerra y otros más.
Por ese entonces a mis escasos 13 años de edad, laboraba como ayudante de bañero en los baños Rio Miño, ubicados en las calles de Penitenceria, frente al popular salón de baile El Chamberi y como constantemente me gustaba juguetear haciendo rounds de sombra frente al espejo, el propietario de los baños, Don Manuel, me decía que un día de esos me iba a llevar un chamaco para ponernos los guantes.
Y así sucedió, un domingo por la tarde, cuando hacíamos la limpieza general, entraron a los baños un grupo de jóvenes con utensilios de boxeo y que venían de otros baños, mismos que estaban ubicados en las calles de Mecánicos, para enfrentarse a nosotros, pues esa vez íbamos a tener rivales, principalmente yo, que era el más hablantín, según decía Don Manuel.
Y sobres, que vamos a la azotea y ahí entre los tubos del agua, donde se improviso un ring, que empieza mi pelea con un compa que tenía entre15 o 16 años, el cual se empezó a desesperar, porque me empecé a mover, tal y como veía yo a los boxeadores por la TV, y de repente pum, le asentaba uno que otro golpe, fue tal se desconcierto, que en un momento dado, se me fue a patadas y ahí lo descalificaron, por lo que gane los 10 pesos de premio al vencedor de esa pelea.
Cabe señalar que aunque no entrenaba con ningún manager ni entrenador, a mi me gustaba ir al entonces balneario Olímpico, donde en su patio trasero había una pera de tablero, muy grande, pero a mi me parecía ideal, para aprender tirar mis primeros golpes y hacer mis fíntas boxísticas.
Fue precisamente en los baños Rio Miño, donde yo conocí en persona al primer boxeador profesional que ya salía en la TV, en pleitos preliminares, era nada menos que Lalo Camarena y a su hermano Enrique, quien posteriormente se convirtió en el primer rival que tuvo en México, el cubano José Ángel “Mantequilla” Nápoles, un verdadero boxeador fuera de serie.
OTRO PAR DE PELEAS SIN ENTRENAR
Luego de esa agradable experiencia, por cuestiones de las juventud que traíamos a cuestas y donde nos encantaba el baile y el cotorreo, no volví a ponerme los guantes, sino hasta un año más tarde, cuando otra vez, sin entrenar en forma, ni estar con ningún manager oficial, mi padre, a petición mía, me inscribió en una función de boxeo, que se celebro con motivo de las fiestas patrias, en San Miguel Xalostoc, Ecatepec.
En esta ocasión la cosa fue más formal, pues fue sobre un ring verdadero y a mi me compraron mis zapatillas y calzoncillos de boxeador. Uf, estaba que no creía en nadie, sólo que como no había rival de mi edad, me pusieron a uno como de 18 años de edad.
Obvio, me pusieron parejo, pero yo antes le asenté al cuate ese varios golpes que lo hicieron enojarse y por ello se me fue encima hasta que el réferi detuvo la pelea.
Pero a los quince días de ese combate, el 4 de octubre. Día de San Francisco, en la fiesta del barrio de Tepito, fui a apuntarme a pelear contra quien fuera, tocándome en esa ocasión como rival a Octavio “Famoso” Gómez, quien ya entrenaba en el gimnasio de los ferrocarrileros y aunque al final me ganó, mi desempeño fue calificado como muy bueno y por ello, a partir de ahí, me anime a ir al gimnasio Gloria.
MI PRIMER ENTRENADOR EL “TRIPITAS”
Ya metido de lleno al gimnasio y acompañado por mi compadre Mario Manrique, quien ahora radica en Honolulu, Hawai, ambos nos pusimos a las órdenes de don Antonio Alvarez, mejor conocido en el ambiente del boxeo como El Tripitas” y la “neta”, que fue lo mejor que pudimos hacer en ese tiempo, pues en verdad don Antonio, sabía y mucho de boxeo. En esa etapa sostuve cerca de 20 peleas amateurs, algunas en el Deportivo Hacienda y otras en festivales que se hacían en algún mercado o bien en algún parque público. Y donde en una ocasión tuve como réferi, al famoso “Ratón” Macías, al mismo que de pequeño, admire muchisimo.
LLEGO AL FAMOSO TORNEO DE GUANTES DE ORO
Fue en el año de 1964, cuando a insistencia del “Tripitas”, una vez que me confesó que ya no podía entrenarme porque su chamba, me parece que de zapatero, ya no le daba chance de ir al gimnasio, entonces me sugirió me fuera con el señor Salas, quien en el mismo gimnasio Gloria, tenía el mejor grupo de boxeadores de ese tiempo y donde destacaban sus hijos Beto y el “Huesos”, así como Hipolito Hernández, Clemente Muciño, Beto Ojeda, Carlos Domínguez, Crispín Benítez y otros más.
Ya como integrante del grupo del señor Salas, debute en el torneo de Guantes de Oro de ese año y luego de realizar una muy buena campaña, pues me avente cerca de 15 peleas sin perder, hasta que en los cuartos de final, en un cerrado combate, me superó por estrecho margen Norberto Cisneros, quien a la postre fue el campeón pluma de ese año.
FUE EL TORNEO DEL “PUAS” OLIVARES
Cabe señalar que en este famoso torneo de Guantes de Oro, en dicha edición, la figura más relevante fue nada menos que el “Púas” Olivares, quien ya venia cargado de una gran publicidad, merced a sus grandes dotes como boxeador y a que sin duda, desde entonces ya irradiaba una gran personalidad, recordamos como en la pelea antes de la gran final, nuestro también amigo Rafael Resendíz, le fracturo la mandíbula y ni con ello, el “Púas” se rajo, pues así ganó esa pelea y la final, para salir como el mejor campeón del torneo.
CONTINUAREMOS

En la presenta grafica, su servidor Enrique García Muñoz, centro, acompañado por los boxeadores Fernando “Cochulito” Montiel, campeón mundial supermosca, y Gerardo “Pipino” Cuevas.